Brandon (Michael Fassbander) y Sissy (Carey Mullighan) son hermanos. Viven muy cerca el uno del otro, y sin embargo nunca se ven pues sus rutinas , con todo y vidas ocultas, no se los permiten.
El británico, de manera muy honesta, nos da un puñetazo audiovisual acompañado de una musicalización depresiva a cargo de Harry Scott, con una forma cruda de revelar nuestra cara actual, de el dolor almacenado desde la infancia y cuyas sombras se reflejan en el presente de esos personajes, sobre todo el de Carey Mullighan cuando canta New York, New York, desentrañando lo pútrido y desconsolador cuerpo del efímero sueño americano.
Michael Fassbander, quien mereció la Copa Volvi a Mejor Actor en el Festival de Venecia por este papel, encarna la soledad acompañada de la perversión culposa, de una válvula de escape autodestructiva, un hombre sin afecto en su vida.
Cuando salí de ver Shame, salí doblado de dolor, pues no es común ver una película como esta, la cual te remarca la tortuosa realidad que vivimos, la vida que llevamos, las relaciones amorosas, amistosas o familiares tan desgastadas en estos tiempos. Me quedé un rato respirando con dificultad, unas lágrimas resbalan por mi rostro,respiro y sigo caminando, mientras las sombras de la soledad se alargan por todos lados.
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